Mes: abril 2010

Piense lo que quiera

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Dirán que soy asquerosa, odiosa o simplemente un espanto, pero no me gusta festejar mi cumpleaños. Me remonta a muchísimos años atrás cuando falleció mi abuela a los 2 días, justo cuando me lo iban a festejar. Recuerdo las ansias de la fiesta, levantarme tempranísimo con el entusiasmo de mi cumpleaños, y que me den la triste noticia. Una controversia de alegría con dolor se desató en mí, y a partir de ese momento, no me gustaron los cumpleaños.

Este año, para variar no lo quiero festejar. No va haber tarjetas diciendo que no me queda otra y sugiriendo posibles regalos.  Me lo voy a pasar trabajando (estoy verdaderamente hasta las manos) y extrañando a mi mejor amiga Sofía, que nació el mismo día que yo.

Ya estoy molesta. No me gusta que la gente se invite y organice de antemano, suponiendo que voy a celebrar. Alguien (que entiende y me quiere espantosa como soy) me dice que es porque la gente me quiere y le gustaría estar conmigo. Pues si me quieren, sepan que el año pasado no disfruté un carajo, estuve siempre en la cocina, y si no fuera por las fotos no sabría quien estuvo y quien no. Soy mala anfitriona. Lo admito.

Yo también los quiero a ustedes como son, entonces aceptenmé aunque sea el día de mi cumpleaños. Dejenmé seguir el día como si fuese uno más, ayudenmé a sacarle el peso social. No se enojen si no contesto mensajes, desde hoy a la tarde ya está en silencio el celular y no sé cuanto más duraré con el mismo prendido.

Por último les deseo FC a Sofi (te extraño muchísimo y aún lloro la no compañía física), Andrés, Fede y a Mariano. También FA a mis viejos. Sí, justo nací el día que cumplían 1 año de casados. Punteríaaaa 😛

El sábado pide un beso

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Hoy fue un sábado muy atípico, a las 8.15 am estaba hablando con el administrador del edificio sobre el estado edilicio del salón, a las 8.30 am estaba pidiendo monedas de cambio en el colectivo, a las 8.40 am estaba comenzando las interminables 10.30 hs de trabajo. Luego de mandar a plotear todo, salí abombada y casi que viendo la vida en layers. Me tomé un colectivo para traspasar el límite que conozco de zona sur y, guess what, me tomé otro, termine en Grandoli y Gutierrez esperando un taxi que me lleve a destino, ¿cuanto? hora y media, dos horas más tarde. Pufff!!! Lo mejor fue cuando me tomé el 141 para volver en Bv. Seguí y Mitre. Se le había tildado la bocina y era como La Merenguita. Me reí hasta que se paró, en Av. Pellegrini y Mitre. El chofer toqueteaba cada botón que encontraba y se bajaba en cada semáforo. Todos se reían. Los pasajeros. Los que subían. Los que estaban en la calle. Era la felicidad posible y amable de un sábado en extinción. Lo grabé y lo fotografié. Ahora me pegó el bajón, me da fiaca salir. Recuerdo que hace 10 años atrás, tampoco salí el fin de semana anterior. =S

No le interesa

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Si le interesara atajaría todas las indirectas y directas que le escribo.

Si le interesara, tal vez hubiese agendado mi número.

Si le interesara, sabría que es mejor aprovechar el tiempo disponible y no lamentarse en un futuro por “el que hubiera sido si”.

Si le interesara, pero no le interesa. Lo sé y cuesta.

Como si no hubiera ido

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Ir a un boliche, atestado de personas, llevar a tus amigos allí porque tienes un cumpleaños y no encontrar al agasajado, es una de las cosas que me pasan habitualmente.

Urgencia

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#yoconfieso que la hermana de mi amiga necesitaba urgentemente hacer pis y la metí en el baño de hombres, que estaba desocupado y le trabé la puerta para evitar que alguien entre.

La noche de anoche

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Anoche era una de esas en las que recorro Rosario de evento en evento. Primero el recital de Martín Buscaglia (zarpadísimo), después un cumpleaños en un bar, seguido de la previa en el dpto. de amiga para luego ir a bolichear.

Tener un plan a realizar tras otro, hace que inconscientemente esté “huyendo” de los lugares. El único que disfruté plenamente fue el recital, el resto, todo muy divertido, pero estaba pensando a cada rato, en que me estaban esperando, que debía irme y demás.

El boliche final, insoportable. Muchísimas personas pegoteadas por la humedad. Nada de aire corría y ya me desesperaba. Cuando las personas con las que vas, están un poquito alcoholizadas y vos no estás a tono, no soportás nada. Me quería ir. Tenía hambre, porque no había cenado. Tenía calor. Tenía ganas de no estar allí.

Nos salimos. Rumbo a la panchería. Dentro del local, un delirio, mucha gente, mucho boludo dando vuelta, mensajes de textos, llamadas que no se escuchan, griteríos, y yo que pensaba “tierra tragame, no quiero estar acá”, y en un momento, mis pensamientos salieron de la boca de mi amigo Gastón: –“estamos viejos”.

Pancho en mano, amigos que habían desaparecido, los sina agitándola en un esquina (total después prenden parlantes :P), ningún taxi libre, cuadras y cuadras buscando la esquina estratégica, nos sentamos en un cantero de Salta y Suipacha.

Hablando de boludeces, nos vimos interrumpidos dos veces por chicos que provenían de algún lugar centroamericano (léase con tonada) y no entendíamos lo que nos decían. Entre risas, el gato y yo nos miramos y nos preguntamos:-“¿Dónde atravesamos la dimensión paralela? ¿Había un cartel que decía Bienvenidos a Centro América y no lo leímos?”

Después de barajar la posibilidad de jugar al pool mientras esperamos taxis, comenzamos a caminar, para tan patéticamente volver en bondi.

#yoconfieso

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#yoconfieso que con esta nueva categoría del blog, me hundo cada día un poquitito más, pero bueh, esto es lo que soy, acá no hay ficción (y en otras notas tampoco, juro que vivo rodando películas) y me quedo con las palabras de un gran amigo: – “Poder asumir y relatar como es uno mismo, es el mejor signo de la inteligencia”. ¡Qué tal!