dibujos

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Liniers va por su segunda entrevista dibujada, esta vez al genio de Alfredo Casero….

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Primer entrevista a Ricardo Darín

Connotaciones

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Todas las personas en su interior llevan un arquitecto oculto. Todas las personas, absolutamente TODAS, se siente capaces de suplantarnos. Pero después cuando las cosas no les salen, ahí nos llaman. Nos subestiman demasiados, nuestro trabajo es una pavada. Si sólo hacemos “dibujitos”.

El problema que tenemos los arquitectónicos es que usamos un verbo que connota sensaciones y momentos agradables y felices, para definir nuestro trabajo: DIBUJAR.

La gente piensa que dibujar es boludear. Es estar sin nada para hacer más que pasar un rato agradable.

“Haceme un dibujito”, a más de uno le habrán dicho.

“¿Cuándo vas a estudiar? Todo el día dibujando”, frase que te persigue a lo largo de la carrera.

Dibujar, señores, para los arquitectos es trabajar. Las líneas no se trazan porque sí. Los planos no se hacen solos a través de un programa en la pc. Todo está pensado y calculado. Todo tiene su por qué. La cabeza se “quema”* en la facultad. Cuanto más abierto esté uno a la vida y a los libros, mejor será su arquitectura.

Cómo los contadores tienen sus planillas, los abogados sus leyes, los doctores sus instrumentos, nosotros tenemos nuestra mano guiada por la cabeza. Nos expresamos a través de los dibujos. Un arquitecto que no puede realizar esto, es como un artista que debe explicar su obra. Dibujo es trabajo. No nos subestimen.

*me gusta utilizar este término para distinguir a los arquitectónicos. Somos unos quemados. Pensamos en todo y podemos relacionar absolutamente cualquier cosa. Las personas que pasan por arquitectura, no vuelven a tener la misma cabeza que antes.

Muchachas

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Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer. El 8 de marzo hace referencia a los hechos que sucedieron en esa fecha del año 1908, cuando murieron calcinadas 146 mujeres trabajadoras de la fábrica textil Cotton de Nueva York en un incendio provocado por las bombas incendiarias que les lanzaron ante la negativa de abandonar el encierro en el que protestaban por los bajos salarios y las infames condiciones de trabajo que padecían.

Se sospecha que este hecho sucedió tiempo antes o tiempo después, pero lo cierto es que no fue el único “accidente” de estas características. Otro similar sucedió en marzo de 1911 en la fábrica Triangle, también en NY.

Nada hizo que la lucha para que exista una igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres, se frene. Es así que en 1917, en Rusia, tras los 2 millones de soldados muertos en la Primera Guerra Mundial, las mujeres se declararon en huelga por la PAZ….(¡Qué paradoja que por algún motivo Guerra Mundial se debe escribir en mayúsculas y paz no!) A los cuatro días, el gobierno aprobó el derecho femenino al voto.

Cuando los hombres se preguntan ¿por qué las mujeres tienen un día? La respuesta más adecuada que encuentro es: Porque el machismo de ustedes nos obligó a hacernos escuchar, a luchar, a morir y a nunca pero nunca, bajar los brazos para conseguir la Igualdad, ya sea social o laboral o cuanto adjetivo se le quiera colocar. Y sí, tanto ir y venir, se fijó un día. Un día del año para recordar por qué existe. ¿Acaso tener una vagina, nos hace inferiores? ¿Nos saca algunos derechos? Ya demasiado con que se nos obliga a cocinar, limpiar, saber coser, bordar y abrir la puerta para ir a jugar. Todo eso, en Mi Casa, no sucederá jamás….todos por igual, todos comemos, todos ensuciamos y todos nos bancamos los agujeritos en la ropa, eso sí! Soy la primera en abrir la puerta para ir a jugar! 😛

Por eso, este día en el que deberíamos indagar sobre el trato que recibimos y ustedes hombres, en el trato que se nos da…dejando todo machismo y feminismo de lado, les quiero desear Feliz día Mujeres y Feliz Día a todas aquellas muchachas que nacieron en cuerpos equivocados. Les dejo 2 regalos: algunas de MisMuchasMuchachas y una canción bellísima para las meninas, de mi querido Gilberto Gil.

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Un 10 de puntaje para Istvan!!! un san jorgense por adopción, que no se olvida del pueblo y que de vez en cuando va por los talleres de dibujo de las escuelas, para que los chicos suelten su imaginación a través de las tijeras….

“Sólo ahora la ilustración es vista con peso propio”

¿Piedra, tijera, papel…? Con una tijera un poco más afilada que la que usan los chicos en el jardín de infantes, un cúter, una pinza de depilar y decenas de cartulinas de colores minuciosamente recortadas, Istvansch (Istvan Schritter) está listo para crear magia. Y, entre ilustración e ilustración, también para reflexionar sobre su trabajo y el de todos los ilustradores de libros para niños que en el mundo fueron y son.

Ha hecho tantas cosas desde que empezó (en la ciudad de San Jorge, Santa Fe, porque nació en Madrid, España, pero es santafecino por adopción) a trabajar y a vivir de su profesión-oficio-arte, que es un poco difícil resumirlas a todas. Sin embargo, si se repara en que uno de los motivos de esta entrevista es la ponencia que va a presentar en el primer Congreso Iberoamericano de Lengua y Literatura Infantil y Juvenil (Cilelij 2010), en Santiago de Chile, entre el 24 y el 28 de este mes, comienza a perfilarse más claramente aún el lugar que ocupa en el ámbito de la ilustración en la Argentina y en Hispanoamérica.

-¿Hay algo escrito al respecto en el resto de Iberoamérica?

-En realidad, no hay nada o muy poco escrito, tanto en la Argentina como en el resto del continente. ¿Por qué? Porque es lo que pasa con la ilustración en los libros para chicos en general. Cuando yo escribí La otra lectura , en 2005, fue el primer libro sobre el tema en la Argentina y uno de los pocos en América latina. ¡Si hace 30 años todavía se escribían estudios que se preguntaban si existía una literatura infantil!, ¿cómo iban a pensar en la ilustración? El tema recién comienza a aparecer hace 10 o 15 años, y porque los ilustradores también empiezan a escribir e ilustrar sus propios libros. Surge entonces una corriente de pensamiento entre nosotros, los ilustradores, en los congresos, los foros, los seminarios, que lleva la atención sobre las ilustraciones también.

-Debe de haber sido difícil buscar material para tu ponencia…

-Bastante. Por eso lo de “apuntes” en el título. En España encontré algunos estudios muy bien hechos, como la tesis de doctorado de Alberto Urdiales, sobre la ilustración en España de 1900 a 1936, o el libro de Jaime García Padrino. En América ya hay bastante menos: estudios de Manuel Peña Muñoz (Chile), Antonio Orlando Rodríguez (Cuba) -un especialista en literatura infantil, pero que todos conocen por su novela Chiquita , que ganó el Premio Alfaguara 2008-, algo en Brasil y mi libro aquí, en la Argentina. Hay muy poco, por ejemplo, en Nicaragua, El Salvador, Panamá y en Paraguay, aunque conseguí ahora una historia de la literatura infantil paraguaya. Y en Colombia y Venezuela, que han tenido y tienen una producción muy interesante de literatura infantil, se quejan sin embargo de que hay muy poco escrito sobre el tema.

-¿Y cuál sería, en tu opinión, la razón de esta pobreza de textos críticos o de reflexión?

-Creo que está muy relacionado con el hecho de que todas las editoriales, las instituciones que tienen que ver con el libro infantil recién empezaron a reparar en las ilustraciones en los años 70 u 80, por un lado; y, por el otro, en que los propios ilustradores no pensaban en sí mismos como autores de sus obras, y mucho menos en sus derechos de autor. Por ejemplo, cuántas veces se reeditó un libro sin las ilustraciones con las que había aparecido en la primera edición. Y esas ilustraciones se perdían para siempre. Digamos que el atraso ha sido más social y político que estético. Sólo ahora la ilustración es vista con peso propio. Entonces, además del asesoramiento que me dio Pablo Medina, que con su espacio La Nube está haciendo un increíble trabajo de recuperación y conservación de materiales, yo confeccioné también un cuestionario, destinado a investigadores, editores, ilustradores, para que a su vez después lo reenviaran a sus otros colegas, preguntando o pidiendo que recordaran lo que sabían sobre la ilustración de libros infantiles en sus respectivos países.

-¿Y qué resultados obtuviste?

-De todo tipo. Por ejemplo, en Honduras hay un ilustrador, Wilmer Murillo, que se queja de que salvo los libros de texto en su país no se hace nada, pero él trabaja para otros mercados y en Internet hasta aparecen entrevistas que le han hecho en publicaciones de Estados Unidos. Es el resultado de las nuevas tecnologías, que les permiten a muchos ilustradores proyectar su trabajo al resto del mundo aunque en su propio país no pase “nada”. Otra conclusión podría ser que, en las épocas de gobiernos dictatoriales, todo (también la ilustración) se vuelve más ñoño, didáctico, moralizante y, al revés, explota y hay búsquedas estéticas interesantísimas con las democracias; así pasó en los años 60 y parte de los 70 en nuestro país, con El quillet de los niños , que dirigió y escribió Beatriz Ferro, y que ilustraron entre otros Oski, Alberto Breccia y Ajax Barnes. Había una conciencia de lo que es “educar”, sin necesidad de decir qué está bien o qué está mal. Como pasaba en España en 1910 o 1920 con los libritos de Saturnino Calleja y, después, en la Segunda República. Por eso, después de la caída hay una diáspora de ilustradores españoles hacia América.

-Y ahí se desplaza también el eje de tu ponencia…

-Claro, estos artistas van a México, Puerto Rico, Cuba, la Argentina. Constancio Vigil le da trabajo a esa gente y funda la Biblioteca Billiken. Algunos crecieron y otros se mediocrizaron; algunos, incluso, volvieron más tarde a España y siguieron trabajando. Pero su influencia fue fundamental, aunque ya existían publicaciones latinoamericanas muy importantes. Billiken , fundada en 1919; El Peneca , de Chile, en 1908, o Tricolor , de Venezuela -sale a competir con Billiken en 1949-, que se distribuían por todo el continente, con ilustradores y escritores magníficos. Lo interesante era que iban más allá de lo escolar, eran además recreativas. Todo ese mercado editorial tan pujante se va a cortar cuando aparezcan las publicaciones del imperio Disney y se vuelvan prácticamente monopólicas, cuando arremeten en los años 50.

-Me da la impresión de que toda esta información que estás trabajando debería formar parte de un segundo libro.

-En realidad, había pensado en eso, porque tenía ya varios artículos separados y lo único que necesito son tres o cuatro meses para escribirlo. Aunque el tema sería lo que está pasando en estos últimos cinco años con la ilustración de libros para chicos. Ahora que ya está instalado el discurso y sus características, ocurre que el mercado se ha ido al otro extremo, y ahora lo único que le interesa es la ilustración. Y se corre el riesgo de que se empiece a bastardear, de que se “generen colorcitos” nada más.

-¿Y cómo logra un creador escaparse de ese nuevo peligro?

-Siendo muy creativo. Los libros-álbum que creamos en 2003 para Ediciones Del Eclipse buscaban reemplazar a los importados, que se habían vuelto muy caros. En un libro-álbum, texto e imagen funcionan inseparables para contar una historia, porque las imágenes dicen tanto como las palabras. Irene Singer, por ejemplo, dirige hoy una colección, 2 x 4 Tango para Pibes, para lectores de todas las edades, que busca descubrir el tango en el espacio conocido de un libro ilustrado. En mi último libro, Todos podemos dibujar , el disparador fueron los libros para colorear, pero de una manera más creativa, más interactiva. Y ahora estoy pensando en una serie nueva, que va a tener que ver con lo escolar, tan “estigmatizado” a veces. Y si quiero, también puedo hacer un libro punk , ¿quién me lo impide?

Por Graciela Melgarejo 
De la Redacción de LA NACION

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Dibujate algo…

D I B U J A R

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El jueves, 16 de julio de 2009 a las 13:55 (Facebook)

De niña dibujaba en las paredes, en los empapelados, en la mesa enchapada, en el pizarrón que aún está colgado en mi casa, en la calle y en el hall de la casa de mis abuelos.

Dibujaba por dibujar, deliraba, estaba horas dibujando y pintando, y redibujando, y a veces me daba lástima tener que borrar algo, entonces lo dejaba estampado en la superficie hasta que el tiempo se lo llevaba.

Dibujaba a Mafalda de memoria, a los 9 años ya tenía toda la colección y desarmada, sí desarmada, porque los viejos lectores de Mafalda deben recordar que si se abría demasiado el librito, se le salía el pegamento. Y las mías fueron releídas tantas veces q sobreviven con clips.

Despúes le sumé a Matías y lo dibujaba en las paredes mientras me bañaba con espuma. Sí ma, por eso tardaba taaaanto en el baño y más de una vez lo inunde, porque me encantaba dibujar con espuma. Ahhh!!! Y algo más muchos de tus labiales, fueron utilizados en el espejo, tal vez por eso se arruinaron. (Recuerdo a mi abuela Chona, cuando me dejó pintarle los labios de rojo a una mujer de un cuadro en blanco y negro, jajaja 4 o 5 años debo haber tenido, le dije: – Abu a ese cuadro le falta color, prestame tu labial. Y los q la alcanzaron a conocer saben como era ella).

Con los años dejé de dibujar tanto tiempo, me dediqué a leer, y no sólo palabras, sino los trazos, de Caloi (yo miraba Caloi en su tinta de pequeña), del Negro Fontanarrosa. Siempre leía primero la contratapa de los diarios. Recuerdo una tira de “el gran diario argentino” de El Nene Mon… me falló la memoria. Tuve una breve época de Nik, hasta que me cansó, creo que lo mejor que tiene son sus chistes políticos. Hasta que finalmente caí en Liniers y Tute.

Hace unos años, un gran arquitecto me dijo: Paulita dibujá, dibujá lo que quieras, lo que sientas, y no te presiones por si al otro le gusta o no. Cada uno con su estilo.

Y así fue que gracias a él y unos años después a una nota a Tute (que al principio copiaba de otros, hasta que entendió que él no era el otro, por lo tanto debía tener su estilo) empecé a dibujar y a confiar en lo que yo hacía. El lunes 13 me autoregalé Oops! Y Liniers en un momento afirma algo que me quedó dando vueltas: se dibuja mucho, mucho, hasta que te salga naturalmente. Y es así como ahora no puedo parar de dibujar cosas que tenía en la cabeza, cosas que veo, cosas que me vienen a la mano al escuchar canciones, cosas que recuerdo (y recuerdo una frase de Ger para sus alumnos yankees y para los q lo escuchábamos: It’s an exercise, to draw what  you remember of a place, of a situation). Y voy buscando mi estilo, sin presiones y con mucha libertad.

Anexo 1: cuando me aburría en la primaria, me pintaba las uñas con liquid paper. Una vez no tenía ganas de estudiar, y pinté las patas de mi escritorio, que eran negras, con liquid, unos detalles le hice, fue mi respuesta a la pregunta de mi mamá. Por estos motivos, me compraba el liquid con pincel.

Anexo 2: que lindos que eran los pic-nics en el campo con el Taller de Dibujo de Ercilda!!!!

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En esta foto que le robé a Max Aguirre está toda esta gente que nutre mis dibujos. (Gracias Max)