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¿Qué somos?

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¿Qué somos?

Hoy cumple años mi mamá. Regalo decidido: un libro. ¿Por qué? Porque ella, a diferencia de mí, no se compra ni siquiera un libro por mes, a pesar de que ama leer. Notaran que la intelectualmente inquieta heredó esa parte. Convencida de que iba a comprar un libro de Eduardo Galeano, persona que mucho, mucho, no me cierra, pero bueno, a ella le gusta, entro a la librería y me pongo a hojear y leer por arriba algunos ejemplares. Justo, no sé bien porqué, estaban casi todos expuestos sobre la mesa. Leo los títulos, entre este lo tiene, este lo leyó, la te  y no la :P, encuentro uno, “El libro de los Abrazos” y me llamó la atención. En medio de sus páginas leo: “Somos todo aquello que hacemos para dejar de ser lo que somos”.

¿Por qué debemos dejar de ser lo que somos? ¿Es que en la sociedad no podemos ser lo que somos? Evidentemente, no. Juzgamos (y me incluyo) todo. ¿En qué momento las personas decidieron que es mejor no ser lo que cada una es? ¿Cuándo fue que nos bajaron la línea de cómo debemos ser? (puedo seguir haciendo preguntas toda la noche).

Las personas no cambian, se adaptan. Evolucionan. Pero la esencia de la persona es siempre la misma. Día a día soy todo lo contrario de lo que no me gusta de los demás. Mi mamá siempre me decía: –“demostrá que  sos mejor”. Y así vivo, tratando de no ser ni tener las cualidades que no me gustan de los demás. Pero aunque yo soy yo, elijo lo que soy. Y elijo lo que soy entre todas las personas y elijo como ser, cómo evolucionar.

Es un juego de palabras el elijo lo que soy. Pero es así, me quedo con mi esencia y con mis intentos diarios de evolucionar.

Este post iba por otro lado pero me quedé pensando (y casi que lo subo 3 veces, pero lo releo y debo agregarle una y otra cosa, “Un editor por favor!!! ). Sumo otro tema más a la lista de preguntas que terminan en pensamientos y cuestionamientos recurrentes:

– ¿Quiénes son más felices? ¿Los muy inteligentes, los inteligentes del montón o los ignorantes? (hace 14 meses que le damos vuelta al debate con algunos miembros del GA)

– Redefiniendo la privacidad. Un post de Sebas Bortnik, al cual no subí mi comentario porque todavía le doy vueltas.

– ¿Qué es la felicidad? (Ni pierdas tiempo en responder, viví, caminá hacia adelante, disfrutá el día al día con las mínimas cosas y reí mucho)

– Otras preguntas que son privadas.

Volviendo al libro, medio que me interesó Galeano ahí, pero no le compré ese, le compré otro y de otro autor.

Y la respuesta al título, no es: -“Tiburones”.

Ver para Leer

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El domingo 18 de abril, a la medianoche, comienza la cuarta temporada de “Ver para Leer“. El ciclo, conducido por Juan Sasturain, propone para este año, revisar los libros que narran los 200 años de historia argentina, mostrando un período histórico, por cada programa.

Escala cromática

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Tengo un gran amor fetiche hacia la escala cromática y hacia el sistema de color Pantone, ya se habrán dado cuenta de esto. Tal es la manía que acomodé los libros siguiendo la escala.

Leído por ahí 6

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Pettinato: “Los fans saben que cumplo una función en una gran oficina”

José Luis Cavazza / Escenario / La Capital

Miembro de la mítica banda de rock Sumo, Pettinato defiende su derecho a escribir sobre Luca Prodan.

En 1994 Roberto Pettinato escribió “La jungla del poder”, un libro sobre sus recuerdos junto a Sumo, la banda de Luca Prodan que tras su muerte a fines del 87 elevó al grupo a la categoría de mito del rock argentino. Aquel texto, editado artesanalmente y cuando el mediático Petti aún no existía, desapareció rápidamente de las librerías porteñas.

El periodista y saxofonista devenido en animador de TV acaba de editar “Sumo”. Se trata de un libro que reedita aquellos textos y añade nuevos capítulos y recuerdos del otrora patilludo del rock delirante de los 80.

—¿Por qué elegiste este momento para completar aquella biografía de los 90?

—Por un lado porque me lo propusieron y por el otro porque estaba cansado de la gente pidiéndome que terminara lo que había comenzado en “La jungla del poder” hace 12 años. Tarde o temprano lo tenía que hacer y no en verano como escriben todos cuando se aburren de hacer ensaladas para el domingo de asado con amigos. Estos proyectos no son comerciales. No se gana dinero con los libros salvo que seas la viuda de Quevedo o Borges; son proyectos que requieren de ganas, voluntad y sentimiento. Los fans disfrutarán de las anécdotas tirados en la loneta alquilada sobre el río Pilcomayo.

—¿Para qué sirven las biografías de rock?

—Son patéticas porque quienes las escriben lo son y porque eligen grupos que a nadie le importa. ¿Leerías hoy por hoy una de Soda o de U2? ¡Claro que no! La gente quiere ver fotos. Son pocos los libros de este género que te tientan a ser leídos por su contenido. Sólo uno de Zappa, Beefheart, Nick Drake y por supuesto el escrito por él mismo de Paul McCartney. ¿Pero a quién e importa la biografía de Clapton?

—Vos que alguna vez lo fuiste, ¿qué significa ser un periodista de rock?

—No sé. ¿Un ex coleccionista que las chicas no le daban pelota porque era feo de cara y carga con una carterita artesanal por la avenida principal? ¿Son músicos que no practicaron lo suficiente? No lo sé. Cuando estuve en Nueva York en el 81 fui a la revista Musician a hablar con Vic Garbarini, el reportero número uno de la publicación. Tenía una banda con sus amigos periodistas y nos fuimos a escucharla. ¿Qué tocaban? ¡Obviamente blues! Y no agregaban nada a la historia de la música; se divertían y nada más. En mi caso siempre fui un músico con cultura, serio y responsable; no iba a tocar unas notitas. Estar en un grupo es algo complejo. Tenemos por otro lado el caso de Crissie Hynde de los Pretenders. Era reportera del Musical Express de Londres y miren lo bien que le fue. Es relativo, pero la mayoría quisiera haber estado en mi lugar.

—¿Cómo hacen los fans para creer en la sinceridad de tu libro si el que escribe es un ex miembro de la banda pero también una estrella de la TV, un medio que no da muchos ejemplos de sinceridad?

—Después de leer lo que ocultó el periodismo escrito en Argentina, lo que editan, sacan, ponen, puedo preguntarme: ¿el periodismo escrito es acaso el mayor ejemplo de sinceridad? Sí puedo decir que un verdadero fan de Sumo no se fijaría en esto. Saben quién soy y que cumplo una función en una gran oficina, la tele, con vista a la calle. Es un trabajo nada más pero no anónimo. Los fans siempre me han respetado, incluso después de cortar la manzana con Sofovich, que algunos consideraron el fin de mi vida. Sumo es y seguirá siendo una familia. No te vas de Sumo como no te vas de los Stones.

—Página 12 publica un comentario que dice que “todos los fans de Sumo darían la vida por oír a Pettinato hablando de la banda y, a la vez, le niegan terminantemente ese derecho”.

—Otra tontería dicha por un periodista y no por la gente. ¿Quién me niega el derecho? Es cierto que los Divididos pueden tocar los temas de Sumo durante 20 años, como lo han hecho, ¿y yo no puedo contar mi historia? Es una tontería.

— Sos como Paul para los fans de Lennon…

—Paul McCarnety, mal que nos pese a muchos incluso a mí, fue los Beatles, aunque no acompañado por tres idiotas, pero reconozco que era una máquina de trabajar. También se dijo que Lennon era el genio y Paul la ama de casa. Si fuera por cinismo e ironías competíamos con Luca a ver quién era más turro, es cierto, pero no tan así. De hecho a nivel solista ninguno de los dos (Paul y John) hicieron obras tan perfectas. Luca sería el Paul, jugando con esta comparación, porque componía a lo loco en tres minutos. Yo hice “Los viejos vinagres”, la letra de “No sé lo que quiero” e influí conceptualmente en algunas cosas. Pero podía, por personalidad, ser una parte fuerte del grupo sin ser tan trabajador.

—Tu libro además nombra a músicos como Van der Graaf, Captain Beefheart, Joy Division… Está bueno que los pibes se enteren de quiénes fueron y entonces quizá se pongan a escucharlos.

—Ojalá sirviera para eso y pudiera romper con la incultura brutal. Calamaro, sin darse cuenta, pobre, creó discípulos, muy a su pesar, que dan ganas de matarlos. ¡Cualquier subnormal compone un tema tipo Calamaro y ya cree que llegó a algo! Y las diferencias son abismales. Salvo Babasónicos y uno que otro más no hay grandes grupos que tengan cultura rock y sepan lo que tendrían que escuchar. Con Luca por eso hablábamos tanto de música y éramos los únicos dos que sabíamos de todo.

—Mucha gente dice “vi a Sumo en tal o cual lado”. ¿No creés que si fuera verdad varios teatros hubieran reventado de tanto público?

—Es cierto, de hecho sólo llegamos a vender no más de 6 mil discos de cada uno en su momento, y 250 mil después de muerto Luca y a lo largo de los últimos 10 años, pero nadie vio un centavo y todo se lo quedó la Sony o la ex CBS. ¡Sí, éramos bárbaros para firmar contratos!

—Y vos como espectador, ¿de qué te jactás?

—De haber visto a Pink Floyd en la gloria, vivir dos días con Zappa en Nueva York y conocer a Miles Davis. Es mejor jactarse de esto y no de haber participado en “Bailando por un sueño”.

—También mencionás en el libro sobre tu aparición con Divididos en Obras. Te cito: “…de superar mi brutal paranoia, mi tendencia a pensar que los fans me iban a bajar a piedrazos”. ¿Por qué pensabas esto?

—Repito: la tele opera en contra del arte siempre, por más que veas un buen documental del cine de Casavettes. El rock no responde a ninguna necesidad de nadie. el rock esta ahí y punto, si querés lo tomás y si no seguís viendo Gourmet.

—¿Qué opinás del regreso de Charly?

—¡No soy médico, ja! Charly es el mejor compositor argentino, el más completo y complejo aunque sin la poética hermética de Spinetta. Cuando nos encontramos hablamos de Van der Graaf o como me dijo ahora balbuceando: “Increíble Procol Harum”.

Conclusiones literarias 4

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Hace una semana salía al centro en busca de ropa para un evento, no sabía que me iba a deparar mi destino en la indumentaria, la única certeza que tenía, era que volvería al departamento con un nuevo libro. Con “el” nuevo libro de Roberto Pettinato. Con “Sumo según Pettinato”.

Tratando de recordar, cómo es que empecé a sentir aprecio, afecto, cariño, admiración, interés, por Luca Prodan llegué a tres posibilidades. Escuché Sumo por Divididos o por algún programa de música o porque lo leí en alguna publicación sobre el rock. Pero esto fue hace demasiado tiempo atrás y misteriosamente mi memoria, que nunca pierde detalle, no me deja precisar exactamente cuando escuché a Sumo por primera vez.

El libro relata pequeñas historias, anécdotas y recuerdos de la banda. Copias textuales de diálogos entre él y Germán Daffunchio, y entre él y Ricardo Mollo. Historias de Periquito & Panqueque, dos integrantes de Sumo, que cuentan hechos vividos pero quieren mantener el anonimato. El encuentro entre Germán, Superman y Roberto hace un tiempo atrás. Todo desde la óptica de Pettinato, porque él lo vivió, “yo estuve ahí”, se lee reiteradamente.

Pude imaginar los encuentros, el sótano de la casa de Timmy, el “Roberto” dicho por Luca (con ere), el despliegue musical que hacían en sus presentaciones, el olor a Ginebra.

Pude sentir la desesperación de Ricardo cuando una noche Luca le dice al oído:

“Estoy con una chica…Ella es buena…y…pero…me parece media rara…Ella siempre me dice que quiere que nos suicidemos juntos…No sé.”

Sumo era “una banda de rock, Roberto” (todo con ere, Luca dixit), que sobrevivía entre los que eran New Wave y los que querían serlo.

Lo que me deja el libro es la certeza de que Sumo era y es una familia; que en vivo eran una verdadera fiesta (“Experimentar era la palabra. Y para nuestro país, más que una palabra era un…evento”); que el delirio que tenían y transmitían era propio de ellos y “nada tenía que ver con drogas, Sumo podía tocar de la misma forma con una pitada de porro o un sándwich de milanesa”; que Luca sabía que se iba a morir, de hecho sabía que estaba mal, sabía que no viviría demasiado y días antes de su adiós, llamó a Andrea (su hermano) pidiéndole que venga a Argentina; que de vez en cuando vuelve en los sueños de sus amigos; y que “Es cierto, por donde pasa Sumo no crece el pasto”.

En el final del libro, Roberto aclara sensaciones de haber estado ahí. “La vida es una suerte de cinta de Moebius como un infinito que avanza por un lado y pega la vuelta y vuelve a retroceder cuando en verdad está moviéndose hacia adelante, y cuando en realidad-realidad sólo está dando vueltas en redondo, cosa que al mismo tiempo no hace”.”Todo es una experiencia y una entrega”. “Sin sentido el arte viene. Sin sentido se va. Sin sentido la música surge. Sin sentido cambia por otra, y la otra y la que viene también se irán”.

La frase final del libro (y lo saco un poco de contexto, porque si no sería como contar el final de una película) es: “Pero nos hizo llorar. Y me hace llorar ahora. Y mañana…” Y les aseguro que terminé de leerlo con lágrimas de alegría, de dolor, de tristeza. Con lágrimas por no haber podido vivir un recital de ellos (nací en 1985, eso lo dice todo).

Es un libro que acelera el pulso, te roba una sonrisa o te pianta un lagrimón sin escalas. Sin avisos.

(A propósito, lo tengo autografiado por Roberto, y es el ejemplar #100 que firmó)

Pettinato en Ros(s)ario

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Por supuesto que iré con mi colección de libros de él. Algunos ya saben que estoy realmente fascinada con este nuevo libro.

Gracias Mariano por la data!

Tapa de Macanudo #7

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Saben ustedes de mi admiración hacia las caricaturas, comics, tiras, historietas, cuadros, etc, que se remontan a una niñez de lectura y re-lectura de las tiras de Mafalda. A los 8 o 9 años ya las tenía a todas con las hojas separadas (los que tienen esas ediciones saben que se despegaban al abrir el librito) y con clips tratando de ordenarlas. Aún las conservo así…(Leer mi nota DIBUJAR)

En fin, hoy Leandro Prieto enlazó a twitter la nueva tapa de Macanudo, la tira del ya masivamente popular Ricardo Liniers Siri y yo se las re-regalo a ustedes (las pocas personas que me leen).

Hola Oliverio!

Ya que estoy les comento, visiten el blog de Leandro, él también dibuja historietas y Mofo los espera!