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Preocupación

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Hace unos años fui a una charla Tedx y estaba Martín Lousteau hablando del cortoplacismo en el que el gobierno argentino basa sus proyectos económicos.

Lamentablemente la falta de planificación a futuro, el vivir día a día, el ir tapando agujeros a medida que van apareciendo, hace que los argentinos estemos, a largo plazo, cada vez peor.

La situación afecta a todos, pero sobre todo a los jóvenes profesionales que estamos arrancando en la vida laboral y que día a día la independencia nos cuesta cada vez más.

Pagamos nuestras matrículas, nuestras obras sociales, nuestras jubilaciones, nuestros monotributos, el alquiler, la comida, los gastos, todo, pero también salimos, viajamos, compramos ropa, electrodoméstico, cosas tecnológicas que a veces ni siquiera sabemos que las necesitamos, pero lo hacemos no para pertenecer, si no porque nuestro dinero ahorrado, sea  mucho o poco se devalúa día a día y no hay planes de inversión enfocados en los que estamos comenzando (más allá de que si tenés suerte y sacas un crédito Procrear).

La política económica del gobierno se basa en el consumo entonces no queda otra más que consumir, para no perder el valor monetario del escaso y a veces inútil, ahorro. No podemos capitalizarnos más allá de un auto (con suerte los que llegaron a comprárselo) porque pasa tanto tiempo entre que empezamos a ahorrar hasta que llegamos a un número considerable que ese número ya no vale lo del comienzo y así perdemos.

Claramente el profesional joven no entra para nada en ninguna categoría del gobierno actual. Incentivan la educación pública, que me parece perfecto, pero no tienen estudiadas las políticas para dejarnos crecer.

Me preocupa no saber cuándo podré comprar un inmueble, cuándo podré dejar de pagar alquiler, cuándo podré tener mi propio auto, etc. Me preocupa porque veo más allá del hoy y me doy cuenta que es una nebulosa de dudas y deudas. Me preocupa estar en la euforia del consumismo y cada vez más lejos de ahorrar mensualmente el valor del m2, cuando hay más de uno que tenemos dicho valor como honorario o sueldo mensual. Al horno! Pero a no ser tan ansiosos!

pd. adoro a Martín y sus opiniones y análisis: y también adoro a Carla Peterson así que dejo una fotito del amor! Viva!

Carla + Martin

Un día de miércoles

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“Siempre estamos a la deriva”- le dije a Jere hace unos meses atrás mientras comíamos algo en un bar.

Comprobado. Nunca todo está bien. Siempre hay algo que altera el equilibrio.

Ahora cuando todo más o menos se encaminaba, llamo para confirmar el horario del nuevo trabajo del lunes y me contestan que como yo no había llamado la semana pasada ya habían contratado a otra persona.

¡Yo no había llamado! Llamé tres veces y quedamos el lunes 30. ¿¡Cuánto más!?

Listo, me quedé sin trabajo fijo. Ya renuncié en el estudio y le dejé mi lugar vacante a mi mejor amiga. El otro estudio está por cerrar.

Por un lado mejor, tendré más tiempo para mis obras, para mis hobbies, para leer, para escribir. Pero por el otro lado, estoy a la deriva. En bancarrota total.

Muy poco ético lo que me hicieron. Pero por algo las cosas son. También empiezo a pensar en la maldición del estudio de siempre. Lo dejé una vez, viejo verde. Regresé. Lo dejé otra vez, quedé desempleada. No sé, da de pensar.

Que NO hacemos

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El viernes una de mis amigas preguntaba: –“¿Qué hacemos los arquitectos? Cuando la gente te pregunta, ¿y qué hacen?, ¿qué contesto?”.

Ella decía los ingenieros calculan, el médico cura y los arquitectos ¿qué?

Hay muchas áreas para desenvolverse en la arquitectura. Podemos distinguir algunas a rasgos generales: Arquitectura, Urbanismo y/o Planeamiento, Diseño, Enseñanza, Higiene y Seguridad (si se hace el posgrado), Gestoría, etc.

Pero fundamentalmente, los arquitectos, proyectamos. Proyectamos y diseñamos cada cosa que dibujamos.

Resolvemos espacios, encuentros físicos de componentes que arman el espacio.

Hacemos las instalaciones y los cálculos para las mismas.

Hacemos trámites referidos a las obras.

Lidiamos con comitentes, empresas constructoras, albañiles, con la chica de ventas de la casa de aberturas, con el técnico de los equipos de refrigeración, con el carpintero, el yesero, el ceramista, el vidriero, el eléctrico, el plomero, el gasista, el de la hormigonera, el zorro que corta la calle, el vecino de la obra, el sereno de la obra, el que te alquila el volquete, el que te alquila el baño químico y a veces hasta con el que les lleva el desayuno a los obreros. Lidiamos con todos. Por eso somos ojerosos, canosos (aún no) y muchos hacen yoga, streching, técnicas de relajación y meditación.

Estamos en todo y siempre la culpa es nuestra. Siempre.

Connotaciones

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Todas las personas en su interior llevan un arquitecto oculto. Todas las personas, absolutamente TODAS, se siente capaces de suplantarnos. Pero después cuando las cosas no les salen, ahí nos llaman. Nos subestiman demasiados, nuestro trabajo es una pavada. Si sólo hacemos “dibujitos”.

El problema que tenemos los arquitectónicos es que usamos un verbo que connota sensaciones y momentos agradables y felices, para definir nuestro trabajo: DIBUJAR.

La gente piensa que dibujar es boludear. Es estar sin nada para hacer más que pasar un rato agradable.

“Haceme un dibujito”, a más de uno le habrán dicho.

“¿Cuándo vas a estudiar? Todo el día dibujando”, frase que te persigue a lo largo de la carrera.

Dibujar, señores, para los arquitectos es trabajar. Las líneas no se trazan porque sí. Los planos no se hacen solos a través de un programa en la pc. Todo está pensado y calculado. Todo tiene su por qué. La cabeza se “quema”* en la facultad. Cuanto más abierto esté uno a la vida y a los libros, mejor será su arquitectura.

Cómo los contadores tienen sus planillas, los abogados sus leyes, los doctores sus instrumentos, nosotros tenemos nuestra mano guiada por la cabeza. Nos expresamos a través de los dibujos. Un arquitecto que no puede realizar esto, es como un artista que debe explicar su obra. Dibujo es trabajo. No nos subestimen.

*me gusta utilizar este término para distinguir a los arquitectónicos. Somos unos quemados. Pensamos en todo y podemos relacionar absolutamente cualquier cosa. Las personas que pasan por arquitectura, no vuelven a tener la misma cabeza que antes.

Muchacha, cuerpo de café

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Hoy sábado es la primera vez que me siento a almorzar desde el domingo. El “me siento” no implica mantel ni mesa. Comí frente a la pc, como cada vez que almuerzo. Durante la semana almorcé un día, creo que martes o miércoles, pero una sopa de esas que vienen en sobres individuales, así que casi no cuenta.

¿Por qué no almuerzo? Porque en las dos horas que tengo entre trabajo y trabajo tengo que hacer tooodo lo que no puedo hacer durante el día. Ayer cambié almuerzo por siesta. Lo necesitaba.

El tema de no ingerir comida elaborada, no me preocupa mucho. Lo que me preocupa es el tema de no poder tomar un café cuando me levanto o a media mañana o después del almuerzo o en reemplazo del mismo. Esos tres cafechos no me pueden faltar. El de la tarde puede ser reemplazado por algún té o suprimido directamente (aunque no sea lo más habitual).

Si somos lo que comemos, sin dudas, soy una muchacha con cuerpo de café.

Tarde Libre

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Siempre ansío salirme de la rutina. Siempre lucho contra el agrisamiento de mi vida. Pero hoy jueves por la tarde, no tengo trabajo porque dependo del señor plomero-gasista que me envíe unas medidas para terminar de ajustar los termotanques en las cocinas. Hoy que no tengo nada que hacer me siento en un abismo. Me siento con todo el tiempo para mi. Tanto tiempo para mi sola que me asusta.

Me podría pintar las uñas, pero estoy demasiado inquieta como para quedarme quieta esperando que se sequen. Podría intentar dormir siesta, pero sólo complicaría la noche. ¿Qué se hace un jueves a la tarde? La última vez que estuve así, me inscribí en un concurso y quedé finalista 😛 Concurso! Concurso escribí. Tengo uno en mente.

¡¿Cómo?!

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¡¿Cómo parar un rato?!

¡¿Cómo relajarme?!

¡¿Cómo lograr tranquilizarme sabiendo que hay miles de cosas que dependen de mí?!

¿Cómo decir basta por hoy? Suficiente!! Trabajé desde temprano, corrido, sin almorzar, sin descansar. ¡¡¿Cómo?!! Si los legajos se tienen que corregir, plotear, volver a corregir, volver a plotear y así hasta que se presenten.

¡¿Cómo parar?! Si llego a casa y arranco con otra obra, otro legajo, otra corrección.

Horas y horas. Obras y obras. Legajo tras legajo, veo como se agrisa más mi vida.

Aún doy manotazos de ahogado.

Aún intento meterle joda a la noche.

Aún llego de laburar y me digo:-A vivir un poco!!!

Aún, pero no sé hasta cuándo. El cuerpo ya no me acompaña. No aguanto más tantas horas sin dormir. No soy la resistente de ayer.

En este mismo momento, salí de trabajar, estoy en la terminal, esperando por el colectivo, y en cambio de descansar, de tratar de no agobiarme por el calor y la humedad, estoy escribiendo esto.

¡¿Cómo parar un rato?!

¡¿Cómo relajarme?!

¡¿Cómo no pensar!? Cuando tengo un cerebro inquieto, muchísimo más que mi cuerpo.

¡¿Cómo?!

De mi libreta de notas, viernes 19 de febrero de 2010, 19.15 hs